Monday, January 15, 2007

Cuestión de 'tempo'

Hubo un tiempo en que el meridiano 0 pasó por Cádiz, exactamente por el barrio del Pópulo, el Castillo de la Villa donde se formó lo más granado de la oficialidad de la marina más ilustrada. Eran los tiempos en que el puerto bullía de sacos y gritos y las tertulias desbordaban ideas efervescentes como espuma de Gin Tonic. Hoy Cádiz es otra, aunque quizás guarde en un bolsillo las migas de aquello, que ya es más de lo que pueden presumir muchos. Llegan desechas hasta nuestros días esas arenillas de algo que fue grande y hablan de juicios relativos y corajes absolutos, tormentas en tierra, Levante, tabernas corsarias, cuevas en las que olía a pachulí, navajas, esperanza, embustes políticos y singladuras con la verdad en las velas, "larguen en nombre de Dios". Llega a la sala VIP de mi bandeja de entrada un artículo de Javier Caraballo, con sentencia de Pepelán incluída que recuerda esas migas.Gracias.


"A mí me gusta Cádiz porque me desconcierta. Nada es previsible aquí porque el ingenio es una moneda de uso común y el desparpajo tiene la guasa acumulada de tres mil años de historia. Nadie que descubre Cádiz queda impasible, porque lo atrapa la magia de la ciudad. Ha habido muchos, desde luego, escritores, pintores, intelectuales y tirados. Al último que escuché hablando embobado del magnetismo de Cádiz fue a Inmanol Arias. Le preguntaban en la radio por el eterno follón vasco, los planes soberanistas y los delirios independentistas, y el actor cortó tajante la conversación: «Mira, desde que descubrí Cádiz, el Plan Ibarretxe me importa un carajo». Normal. Según algunos gaditas eruditos, la ciudad es sabia por vieja y por apaleada. Está de vuelta de todo y por eso se ha instalado en el aire de aquí un sentido único de la vida, libre y desenfadado. Lo que en otras ciudades andaluzas se llama chovinismo, en Cádiz es otra cosa. No sé. Pepe Landi, mi amigo gaditano, ha dejado escrito alguna vez que «varios siglos antes de que Estocolmo le diera nombre a un síndrome, antes incluso de la fundación de la capital escandinava, los gaditanos ya lo habían inventado».

La ciudad es pequeña, decadente y aislada, pero para los gaditanos es suficiente, absoluta e imprescindible. Gracias a esa suficiencia, Cádiz no presume de historia. Desde hace mucho tiempo, por su forma de mirar la vida, se ha constituido en paréntesis frente a las demás ciudades. A Carlos Herrera le gusta hablar de este ‘hecho diferencial’ de Cádiz, porque así recuerda de paso a Carlos Cano. «Cádiz se diferencia de las demás ciudades porque no vive los escenarios de su propia historia, como pasa en Córdoba o en Sevilla. En Cádiz, la historia no es un pelmazo, sino que está en la memoria de la gente». Es verdad. Y cuando la historia se instala en la memoria, y no en la cartera o en la bilis, el pueblo sale a la calle a respirar la vida de otra forma. Sin agravios ni envidia, con normalidad. Cádiz, con el espíritu libertino que le trajo el comercio marítimo y la mente abierta que llevó a la burguesía a convertir esta ciudad en la cuna de las libertades en España.

Aquí, en Cádiz, donde la imbecilidad nacionalista sólo sirve de cuplé de chirigota, el Ministerio de Defensa ha decidido que se marque la hora oficial de toda España. Lo dijo ayer el ministro. A partir de este momento, Cádiz le va a dar la hora al resto de España. «El Real Observatorio de la Armada de San Fernando será el encargado de marcar el patrón nacional de la hora exacta en España». Esto sólo podía pasar en Cádiz. Decía Burgos que nadie lo sabe, pero igual que existe el meridiano de Greenwich, existe el meridiano de Cádiz, que marca otro ‘tempo’. Desde ayer, ya ven, es oficial. Y no encuentro mejor forma de celebrar el Día de la Constitución que sabiendo que Cádiz, a partir de ahora, marcará el tiempo de España. Ojalá. Tic, tac, tic, tac. ¿A que ya suena distinto? "

Cortesía de Cris

1 comment:

Maribel said...

Discrepo en algunas cosas. Sobre todo en eso de que la gente sale a la calle sin agravios ni envidias. Puede que no haya ciudad, quizá sólo le gane Jerez, que no mire tanto a las otras. El chovinismo es chovinismo aquí y en Qualalumpur. Y no pasa ná, con respeto a los demás, es totalmente válido. Son muchos los gaditanos, o los que yo he conocido, que se comparan continuamente con Jerez y Sevilla, pa mejor, claro. En esta provincia, que quiere tener dos capitales, se hace difícil pensar que no hay chovinismo.
No entiendo tampoco lo de que Cádiz no presume de su historia; no tuvo un protagonismo tan destacado como el de otras ciudades pero sí muchos papeles importantes. Cádiz presume de trimilenaria (aunque sólo haya restos funerarios y sea un gran redondeo) y presume de todo lo demás. Que tiene de qué presumir...
En fin, éste es el pensamiento de una chovinista cordobesa que también adora Cádiz, pero la puedo ver con distancia (no como a Córdoba)
Besos a todos los gaditanos ;)