Friday, October 06, 2006

Cayucos toreros

Música: ‘Oremus’ de los Mártires del Compás.

Pese a los dorados refulgentes de sus trajes de luces y los bordados de los capotes de paseo, hay toreros que van en cayuco. La fiesta de los toros también tiene, no se crean, sus europas, sus áfricas y hasta sus estrechos. Estrechos torero, se entiende, en los que todos los días mueren, olvidados, todos los que ni fueron ni serán nadie.
En materia social, miles de inmigrantes mantienen buenas relaciones comerciales con la mafia y guardan algún dinerito en la cartera, que sueltan a la fuerza para llenar el estómago de Tarifa p’arriba. «¡Denme una oportunidad, que quiero ser jornalero!», parece que se oye en esas barcas, y el viaje les cuesta un pico.
La fiesta de los toros, le cambia una palabra al soniquete: «¡Denme una oportunidad que quiero ser torero!». La cantan cientos de alevines que se rascan la cartera por aparecer en un cartel, cueste lo que cueste. «Los gastos y doscientas». Venga, poco importa la cantidad si de lo que se trata es de meterse en el mercado común de los carteles, copado por un G8 taurino mortalmente aburrido y cruel. Tienen varias cosas en común con los morenos de la patera. Los dos pagan por jugarse la vida. Comparten además, el ser extorsionados por las mafias, en este caso, mafias taurinas, y su horizonte profesional tiene los mismos nubarrones negros, con previsión de borrasca en las Azores. Hace algunos benditos años –sí, prefiero lo de antes a lo de ahora–, se ponía uno delante porque no tenía un duro. Por hambre. Hoy en día, si no tienes un duro no puedes torear. Es decir, que antes las figuras se premiaban con un cortijo bueno, y ahora hay que pulírselo y venderlo para chaleres si se quiere ser figura. Así es. Cuando en las peñas taurinas escuchen aquello de «este no tiene padrino», no se engañen. Significa que no tiene quién apoquine lo suficiente para meterlo en los carteles de ponedores, es decir, los que llegan a la plaza con la pasta por delante, además de las femorales, para dar espectáculo: un negocio redondo.
Muchos empresarios de plazas pequeñas, esas en las que el fraude se nota menos, se pirran por estos ponedores. «En principio, vamos por los gastos más doscientas», dice la mafia . «Y luego veremos cómo va la taquilla»... Irá mal, probablemente, y será el propio torero el que ponga los euros del personal, el seguro, los gastos médicos, los toros y, probablemente hasta un par de cenas en el mejor restaurante de la comarca para el hombre del saco –el cabrón de esta historia– y sus amiguetes.
Y es que Don Trincón se ha portado muy bien hoy, y la tarde sólo le ha costado al chaval ciento cincuenta mil y 30 puntos de sutura. Incluso ha cortado una orejita que le servirá para seguir mirando a los grandes, esa europa del toreo en la que uno hasta cobra por dejarse matar. Incluso, tal vez encuentre a algún amigo que tenga lo suficiente para pagarse otra novillada en el último pueblo de la sierra, como quien se paga un plato de cigalas en Casa Flores. Así seguirá, con el vestido de luces remendado y su orgullo hecho jirones, peregrinando por esos patios de caballos de Dios, como dijeron los Mártires del Compás, con «su espalda mojada / y en una patera / con luz de linterna / buscando la playa». Suerte.

2 comments:

Ignacio said...

Cuatro civiles detras de la duna / buscando la orilla / buscando la luna.
Aquí los civiles ni los taurinos buscan la luna y extraditan del mundo del toro a los toros a los "empresarios" que cobran a los chavales.
Como cambian los tiempos antes habia un montón de jovenes que decian:
-Yo intente ser torero y me quitó de esto un toro
Ahora dicen:
-Yo intente ser torero y me quito de esto no tener un duro.

Buenísimo los martires y buenísimo tu artículo, que bonito es llegar el lunes a trabajar y ver que hay un par de chocos nuevos nadando por el ciberespacio

Anonymous said...

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